01/10/11 Los crímenes escabrosos, oscuros y de mayor factura sangrienta no son monopolio de los últimos años; mucho menos de los territorios más convulsionados o empobrecidos del planeta. En todo lado, incluso en Hollywood, se cuecen habas y otras hierbas.
La historia de la masacre de la “familia Manson” data de agosto del 69 y sus personajes parecen ser el elenco perfecto para una película de horror salida de la pesadilla del criminal más inescrupuloso: dos bandas de rock capitales de la historia de la música, un director de cine, una modelo embarazada y un sanguinario líder delictivo, mitad asesino, mitad filósofo.
Para ese mes, la cultura popular —en buena cuenta, la internacionalización de la estética, el consumo y el estilo hippie— se precipitaba a un paroxismo ineludible, al final de una época. El “verano del amor” de 1967 ya lucía lejano: luego de la violencia racial suscitada en los Estados Unidos entonces, la identidad comunitaria, la búsqueda de terapias alternativas y el consumo de psicotrópicos como camino a la introspección metafísica había cedido el paso a la enajenación de las adicciones y la decadencia del “amor libre” en irrefrenable promiscuidad.
”LA FAMILIA” Y EL FIN DE LOS TIEMPOS
Este fue el terreno sobre el que Charles Manson forjó su familia. Para el 67, este delincuente común tenía 33 años y había pasado más de la mitad de los mismos en diferentes prisiones, por cargos de asalto, robo, agresiones y proxenetismo. Cuando recuperó su libertad ese año, usó sus recursos carismáticos de la mejor forma posible y, vendiendo un discurso artístico (aprendió a tocar la guitarra en prisión) y de estilo de vida alternativo, logró hacerse de un séquito de jóvenes ávidos de zambullirse en la contracultura y con algo de dinero y apariencia para sostener el proyecto de Manson.
El plan consistía en hacerse de una carrera musical y ser un líder espiritual. Superar a los Beatles era su meta y de hecho quedó impresionado al escuchar el álbum blanco de los de Liverpool. En su demencia, Manson creyó que ahí había mensajes ocultos para él y su séquito, acerca de un gran conflicto racial a nivel mundial que devendría en la supremacía de su grupo. Y al inicio de esta guerra lo bautizó “Helter skelter”, como la canción cantada por Paul McCartney en este disco.
Ya en el 69, habiendo crecido en número gracias a las malas artes de Manson, el patrocinio de Dennis Wilson (baterista original de los Beach Boys) y la venta de drogas, Charlie estaba listo para “Helter skelter”. Gracias a Wilson, a quien conoció fortuitamente luego de que este les diera un “aventón” a un par de chicas de “la familia”, tuvo el grupo dinero, acceso a salas de grabación e incluso contacto con importantes productores musicales, fascinados por el extraño show de Manson y su séquito. De hecho, varios de los discos grabados por “la familia” y por el mismo Manson, en prisión, se pueden oír en Internet.
LA BRUTAL ESCENA
Fue en la noche del 8 de agosto de ese año que Manson envió a cuatro de sus seguidores —un hombre y tres mujeres— a matar a todos los que vivieran en la casa de Terry Melcher, productor musical. Pero ahí ya no vivía Melcher: era la casa del cineasta Roman Polanski y su esposa, la actriz Sharon Tate, que tenía ocho meses y medio de embarazo. Un año antes, Polanski había estrenado “El bebé de Rosemary”, con Mia Farrow: el éxito comercial y ante la crítica le sonreía ahora en todo el mundo, a tres años de la genial “Repulsión”, con Catherine Deneuve. Tate recién se había casado con Polanski, luego de ser la protagonista del filme dirigido por este “The fearless vampire killers”. Polanski estaba trabajando en Europa entonces y Tate, a poco de dar a luz, regresó a Los Ángeles tres semanas antes de su muerte.
Aquella noche, estaba acompañada en casa por otras tres personas, uno de ellos su ex pareja —el estilista del momento Jay Sebring— y otra la heredera del emporio del café Folger, Abigail Folger. No volverían a ver la luz del día.
Manson había ordenado que la escena del crimen fuera lo más horrorosa posible y que permitiera atribuirle el mismo a algún grupo activista por los derechos de los afroamericanos, como las Panteras Negras. Así que, sin mayor remordimiento, los cuatro seguidores del oscuro gurú entraron en la oscuridad de la casa, sometieron uno a uno a sus ocupantes y acabaron con ellos a golpes, cuchilladas y balazos. El ensañamiento con la gestante Tate fue el que más llamó la atención. En sus declaraciones ante la justicia, las inculpadas por el caso contaron que la actriz les rogó para que la dejaran seguir viva hasta al menos dar a luz al bebe que llevaba pero estas le respondieron que no recibiría misericordia de ellos: la apuñalaron 16 veces, llenaron con su sangre una toalla y escribieron en las paredes la palabra “cerdo”. Polanski volvió, a poco de enterarse de lo sucedido, a su casa y no tuvo reparos en participar en entrevistas y fotos en la escena del crimen, con la sangre seca de sus difuntos esposa e hijo: quería conmover hasta las entrañas a la opinión pública y así asegurar que se haga justicia.
Y de hecho, ocho días después de los crímenes —a los que se sumaron asesinatos similares a otros acomodados personajes de la sociedad angelina de entonces— la Policía hizo una redada en el rancho de la familia Manson, en la localidad conocida como el Valle de la Muerte, donde la mente criminal detrás de los asesinatos se refugiaba con más de dos docenas de seguidores. Entonces, se inició el largo y escabroso juicio y se establecieron las relaciones de “la familia” con varios hechos de sangre, cometidos, supuestamente, para desencadenar la lucha racial.
EN PRISIÓN DE POR VIDA
Polanski continuó su carrera como cineasta, con varios filmes de factura oscura y en 2002 ganó el Óscar a Mejor director por “El pianista”; no pudo asistir a la ceremonia en Los Ángeles por los problemas con la justicia estadounidense que desde 1977 le abrió un proceso por la supuesta violación de una menor de 13 años de edad. Polanski no ha vuelto a pisar suelo americano desde entonces.
Manson, “Tex” Watson, Linda Kasabian y Patricia Krenwinkel siguen en la cárcel y todos ellos han pedido libertad condicional más de diez veces; esta siempre se les negó, en buena cuenta gracias a las cruzadas que libró en vida la madre de Tate; Susan Atkins también pasó el resto de su vida tras rejas, hasta su muerte hace dos años. Todos cumplen penas de por vida, ya que la pena de muerte que les impusieron originalmente se abolió en California años después.
Pero Manson sigue siendo un personaje fascinante para muchos. Varios músicos han hecho versiones de sus canciones y las de “la Familia”; y tiene seguidores que trabajan para conseguir su libertad. Eventualmente concede entrevistas, la última publicada en abril de este año, donde Manson habla de lo mala persona que es, critica la degradación del medio ambiente y el trabajo presidencial de Barack Obama: “Vivo en el inframundo. No le digo a la gente lo que tienen que hacer. Ellos saben lo que tienen que hacer. Y si no lo saben, no vienen a mí. Soy un mezquino, un sucio, un forajido y malo”. El próximo año volverá a apelar por su libertad. Lo defiende el ex abogado de Saddam Hussein.









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lrojas

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